El primer impacto de un plato es
visual, seguido casi instantáneamente por sus aromas, para luego despertar al
gusto cuando entra en contacto con el paladar. Tres momentos usuales en la
mesa.
Sin embargo, en ocasiones sucede un
cuarto impacto: en la memoria. La excelencia al combinarse los sentidos de la
vista, el olfato y el gusto que despierta una preparación, unida a la atmósfera
y al singular momento de una experiencia gastronómica pueden dejar una huella
imborrable en nuestra memoria gustativa.
En la memoria gustativa reposan los
sabores de la infancia, las comidas conocidas en viajes, las servidas con
motivos significativos, o aquellos menús de un evento único e irrepetible. Esta
sazón inasible y que perdura a lo largo del tiempo es algo personal y
generalmente se atesora con dilecto fervor.
En el film “Le festin de Babbette” (Gabriel Axel, 1987), el director evidencia
hermosamente la existencia de la memoria sensorial del paladar, cuando el ya
viejo General Löwenhielm, revive los sabores del famoso y elegante “Café Anglais” de París, frente al
banquete servido una noche en el austero pueblito de Jutland, a pesar del
tiempo (unos quince años desde la última vez que disfrutó un menú similar) y la
distancia (Dinamarca).
Una velada de ágapes para atesorar
impalpables.
Contrataciones : Chef Isabel Cristina Ortiz
Telefono :+506 8315 9472 - San Pedro de Montes de Oca
San Jose - Costa Rica

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